Actuar es su manera de habitar el mundo.
En el teatro encontró el pulso profundo de las emociones humanas. Obras como Todos Eran Mis Hijos y Bodas De Sangre —bajo la dirección de Diego del Río— marcaron su camino como intérprete de lo esencial, de lo que se rompe, de lo que permanece.
En el cine ha encarnado verdades complejas.
Fue coprotagonista de Qué Rico País (Dir. Álvaro Almeyda) y recientemente formó parte de Milagro en la Celda 7, dirigida por Ana Lorena Pérez Ríos.
En televisión dejó una huella en Marea De Pasiones, donde dio vida a un recluso con humanidad desbordante.
Su mirada como actor se dirige a las fisuras del alma: el dolor, la vergüenza, la miseria compartida. Le interesan los lugares donde el ser humano se rompe… y también donde se reconstruye.
“Es un actor que logra ver lo invisible.”
— Diego del Río, director de teatro.
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